Perfectos desconocidos después de media noche

 Escribo desde el fondo de mi alma, como la carta de amor que nunca te entregué.

¿Por qué te haces tanto daño?

¿Por qué tuviste que dejarme y buscar un reemplazo? Sé que lo nuestro terminó, que ya no funcionó... pero ver cómo te aferras a presumir con quién estuviste anoche es ver una mentira frente a mis ojos.

Estoy viendo una mentira frente a mis ojos.

¿Realmente me amabas como decías al verme? Me mirabas con amor... ¿Dónde quedó esa mirada? Tus ojos brillaban al verme, ¿por qué se apagaron?

¿Por qué tuve que enterarme de quién era el de anoche?

Dices que me tienes confianza, la seguridad para decirme con quién estarás por si algo te pasa. ¿Por qué esa confianza no duró los tres meses que estuvimos juntos? ¿De qué me sirve que ahora me compartas con quién hablas, o con quién pasaste la noche envuelto entre sábanas?

Te convertiste en un coleccionista de sábanas ajenas, buscando en camas extrañas el calor que tú mismo apagaste en la nuestra.

Entiendo tu punto: no supiste cómo hacerlo. Yo tampoco sabía, pero quería averiguarlo junto a ti, no con otros más de por medio. Te esperé, tal como me lo pediste, pero no llegaste. Apareciste después, solo para preguntarme si eras suficiente para los demás.

Estoy pensando qué hacer, y tenerte en mi vida creo que ya no es sano para mí. Tal vez debas buscar en otro lado la aprobación de quienes envuelven tus sábanas.

Yo sí te amé; tú nunca supiste qué sentías. Tú necesitas a alguien que te use por las noches para después jugar a ser perfectos desconocidos. Sabías muy bien que eso no era lo que yo buscaba.

Deja de buscar que te use como los demás. Yo quería amarte, no competir por ver qué bar usaste más durante el verano.

Seamos lo que tanto te gusta ser: perfectos desconocidos después de medianoche.


Jonathan Jesse

Comentarios

--------------------------------------------------------------------------------

Clóset

Cempasúchil

El chico sin rostro